Revisa el suelo que va a cubrir
Observa si quedan charcos después de la lluvia y dónde están los desagües. Una alfombra no corrige una pendiente problemática ni una filtración. No tapes registros o salidas de agua para conseguir una superficie visualmente continua, porque seguirás necesitando acceso a ellos.
Consulta la compatibilidad del pavimento con el respaldo de la alfombra y cualquier base antideslizante. Algunos materiales pueden dejar marcas o retener humedad. Si hay una impermeabilización o acabado específico, sigue sus instrucciones en vez de pegar cintas o instalar piezas sin comprobarlo.
Lee qué significa exterior en ese producto
Una etiqueta de uso exterior describe unas condiciones, no una promesa de que nunca necesitará secado. Busca instrucciones de limpieza, almacenamiento y exposición. Una terraza cubierta y un balcón completamente abierto no someten el tejido al mismo desgaste.
Comprueba también el tamaño y el peso cuando está mojada. Si no puedes levantarla y ponerla a secar en ningún lugar, quizá resulte más práctica una pieza pequeña o prescindir de ella. La limpieza habitual debe ser realizable sin colgar un peso sobre la barandilla.
Prueba puertas, sillas y bordes
Abre la puerta sobre la zona prevista y asegúrate de que no roce el tejido ni lo arrugue. Coloca una silla encima y muévela como al levantarte. Un borde justo bajo las patas puede resultar incómodo, y una esquina levantada se convierte en un obstáculo en un paso estrecho.
No utilices muebles como única forma improvisada de sujetar una alfombra que el viento mueve. Revisa el sistema permitido por el fabricante y el edificio; cuando las condiciones no sean adecuadas, retírala. Mantén despejado el recorrido hacia el interior.
Levántala para mirar debajo
Barre ambas caras según el material y comprueba periódicamente el suelo, sobre todo después de lluvia. Deja secar por completo antes de guardarla. Si notas olor o marcas, atiende la causa en lugar de cubrirla con otra capa.



